Una cena con Javier Pérez Andújar

perezJavier Pérez Andújar nos saluda con un piropo: “Muchas gracias al club Córtum, que parece más lárgum que córtum” y a partir de aquí empieza a responder preguntas a través de las cuales explica su carrera, su escritura, su visión del mundo y de las realidades que conviven en Barcelona.  En seguida descubrimos que es difícil resumir sus palabras, que lo mejor es irlas dejando fluir.

“Yo escribo porque no sé hacer otra cosa, porque mientras escribo no tengo que trabajar, por escaqueo, por supervivencia. Pero es una cosa muy personal. Si yo hubiera sido rico y hubiera sido explorador, pues habría escrito sobre cómo atravesé el desierto del Gobi, pero yo lo único que atravesaba era el descampado, Escribo de lo que sé.  Hay una intención trascendental muy íntima, que es trascender en la literatura, pero no busca una pretensión social. Lo que ocurre es que  las cosas no le pasan a uno solo en la vida, le pasan a todo el mundo, nadie es la única persona que se ha roto un brazo ni es la única persona que ha nacido en un barrio, así que lo que dices al escribir es contagioso, porque le ha pasado a todo el mundo y se pega”

Y tras esta declaración de principios aparece otra en forma de ironía: “Si yo hubiera nacido en Versalles, pues escribiría como Proust y escribiría con frases largas, bueno, frases largas si utilizo. Utilizo frases largas porque en el fondo me encanta el estilo burgués. Y utilizo frases subordinadas porque, de algún modo, pertenezco a las clases subordinadas, y por lo tanto tengo más derecho que nadie a utilizar estas subordinadas”.

img_4370“Me encanta la literatura burguesa, pero aunque me encanta esa maquinaria literaria que pusieron de moda los escritores a partir del siglo XIX no tengo el ni fondo ni los conocimientos ni la forma para explicar madame Bovary, como mucho para explicar cómo se montaban las peluquerías en los pisos, que es otro tipo de figura femenina. Intento ser sincero y jugar con las cartas que tengo. Eso, de repente, parece que se convierte en una militancia, pero es una escritura. Este es un primer grado. Luego viene un segundo cuando te dicen que lo que escribes responde a una realidad social. Yo no la rechazo, al contrario, la asumo, pero la asumo a partir de la literatura. Yo hablo de la lucha de clases porqué crecí en un ambiente politizado y en clase los profesores te enseñaban a Marx. Y la vida era normal. Y en el colegio te enseñaban cosas, y no a tocar la flauta”.

Esta admiración por la literatura burguesa le lleva a algo que vive como una cierta contradicción: “detrás de lo que cuentas hay un bagaje personal y biográfico. Descubres que te haría ilusión que fueran los tuyos los que lo leyeran, pero es que los tuyos no leen y todavía te preguntan con cara rara ¿Y aún te dedicas a esto? ¿Te ganas la vida con así? Pues no, pero hoy en día nadie se gana la vida con nada, así que tampoco es tan raro. Escribes de un montón de amigos y de gente que pasa de leer o no tiene la costumbre de leer. Y escribes para el enemigo y te das cuenta cuando ves a lectores burgueses”.

“Yo en el fondo me quería hacer escritor por Jack London, me gustaría ser como era él. Un escritor humilde americano, de clase obrera. Claro que él se lo había currado y había sido navegante. Era muy consciente de la contradicción en la que incurría porqué contaba todo lo que le había pasado siendo parte de la tripulación de barcos y sabía que eso nunca lo iban a leer los suyos, sinó los burgueses. Los llamaba así. London era militante socialista, pero no de la línea socialdemócrata. Era socialista norteamericano del año 15, o sea, era un trostkista duro de pelar. Y entendía la literatura como una trampa diabólica en la que sólo quieres escribir, pero estás atrapado por una contradicción social que te lleva a cuestionarte tu propia literatura”.

“Quizá, si existe una literatura obrera es esta, la del obrero que quiere emanciparse de su condición, y eso es un concepto marxista: la emancipación del trabajador. La última intención del proletario es dejar de serlo, abandonar su clase y la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo”.

También nos regaló una reflexión sobre Barcelona, una ciudad que para él no ha cambiado, pues “siempre ha tenido el mismo aspecto en el centro antiguo ha tenido un pozal de pobreza y de miseria y en los alrededores también. Ahora en la periferia se abren muchas peluquerías, y peluquerías caninas, y hay rayos UVA, pero donde está la gente recién llegada es en Ciudad Meridiana. Hay que ser político hasta el final, radicalmente político. La ciudad somos todos. Barcelona era desierto y avenida de la luz era una canción de loquillo . Cuando hay pobres y ricos hay oasis y hay desiertos”.

“Hay que hacer justicia y punto”, dice recordando la pobreza de las barracas y refiriéndose a la reconciliación de clases. “Mientras la barracas existieron no se podían reconciliar, ahora que son historia, que solo hay fotografías, pues sí. Así es fácil. Así me reconcilio yo también. Uno tiene que ser leal a lo que es.  Somos lo que somos, Yo no soy un trabajador. Yo no he pegado un palo al agua en mi vida, puedo abrogar por ellos, pero yo soy internacional por los bloques, porque cuando he ido a las ciudades he visto que todas las periferias son iguales , reconoces la forma de andar de las calles, quizá no lleven la ramita de romero en el bolsillo de arriba, pero es muy parecido el tono. Hay una internacional de clase y de vivienda. Y luego una internacional de los libros, de lectura, de leer”.

2017-01-12-photo-00000347Su discurso de clase se recrudece cuando alguien le pregunta si sería buena otra Gauche Divine en Barcelona: “Mejor que no, para tener pijos tomando gin tonics, pues no. La Gauche Divine estaba bien en cuanto no era Gauche Divine, cuando cada uno estaba en su casa haciendo lo que sabía hacer, como Gil de Biedma escribiendo. Eran todos geniales, pero cuando dejaban de ser lo que eran para montar la Gauche Divine, pues no sé. ¿Desde cuándo se necesita tener artículos de lujo para tener justicia? La Gauche Divine era para ellos y eran clasistas. Marsé les gustaba como animal de compañía. Tal vez fueran un grupo de gente de izquierdas que se lo pasaban bien y que se comprometían, pero yo sentía mucho más cerca los comités de empresa de la SEAT”.

Y la pregunta inevitable ¿Hay libertad de expresión hoy en Cataluña?¿Cómo se sintió cuándo se produjo todo el escándalo sobre el pregón alternativo de la Mercè? Y su respuesta es contundente: “En Cataluña hay libertad de expresión, lo que no hay es valor para ejercerla. Nos escudamos en el no digo nada porque se me echan encima. Y sí tío, se te echan encima, pero no va a venir la policía secreta a llevarte”.

“Claro que hay una presión social, pero presión social la ha habido siempre, la tenían nuestros antecesores en la lucha por los derechos obreros y civiles. Imagínate los negros de Alabama de los años 60 o 50, imagínate los obreros de los años 20. Esos sí que tenían presión. Que a ti te de corte decir lo que piensas en twitter porque te insultan y te dicen lo que sea, eso no es que no hay libertad de expresión, esto es que lo que eres es un lila. No hay libertad de expresión porque no la ejerces, porque estás renunciando tú a ella. Pero libertad tenemos y no podemos regalarla”.

foto1“Yo no le di importancia al pregón alternativo. En último término porque lo intelectualicé y pensé en el derecho democrático que tiene todo el mundo. Eso fue cuando pensé; porque de buenas a primeras, como en la vida le ha dado importancia a lo que hace esta gente, es como si me hubieran dicho en Venus hay una tribu que toca la trompeta. No sabía ni de lo que hablaban. Luego, cuando vi que la cosa tomaba trascendencia, y me fui enterando por impregnación, me salió el mal bicho que llevo dentro y quería escribir un artículo, menos mal que me pararon los pies, que se llamaba “El papel de Albá”. Pero yo lo hacía solo por reírme, para divertirme, y no por fardar”.

“No sé cómo acabará el debate independentista. Es un tongo y el que se tenga que caer en el asalto quince, se caerá en el asalto quince. Acabará vendiéndose a raudales y la gente lo va a pasar fatal, va a sufrir en silencio un montón. Han dado una trascendencia biográfica, histórica y emocional a una cosa que ni siquiera ha salido de ellos, porque se la han vendido, han chalaneado, y le han comprado una moto, a otro, que no saben ni siquiera de donde ha salido, e igual es robada”.

Si alguien habría podido escribir una buena novela policiaca sobre la actual situación en Cataluña, no duda en señalar a Vázquez Montalbán “Aunque Montalbán tenía todos los registros, empezó siendo charnego y acabó siendo polaco. No sé desde que punto de vista lo habría escrito, pero habría sido una novela muy bonita Carvallo y el Proceso”.

Y también le preguntamos sobre el papel de los intelectuales en la sociedad y se refiere sin dudar a Pier Paolo Pasolini a quién define como el gran intelectual del siglo XX “Iba a las entrevista que le hacían porque cualquiera que tuviera una cadena lo tenía que entrevistar,  pero ni iba a debates o tertulias, escribía artículos, escribía libros, hacía películas y se veían. Y ya está. Eso es lo que tiene que hacer un intelectual. Cuanto más mediático más sospechoso es  un intelectual”.

“Los formatos mediáticos no dan tiempo a una persona que quiera desarrollar una idea. Habría que conseguir es que lo medios cuidaran a los intelectuales. Ahora solo aparecen para hablar de política. La política se ha convertido en politiqueo y se lo ha comido todo. Y no deja espacio para nada, ni para la política Es que ni siquiera hablar de la corrupción es política, porque la política es desmontarla”.

Para acabar Córtum le propone que relacione a los personajes del Capitán Trueno con los protagonistas de la vida política española.

“Crispín es evidente: Errejón, no hace falta decir mucho porqué, pero bueno.  Goliat, para mí era evidente, pero creo que lo tendré que explicar, Goliat es David Fernández, se le da un aire, Goliat iba siempre con camiseta y tiene un parche en el ojo. David Fernández no tiene parche, pero la CUP si que está parcheada, es un chico de acción, un político de acción es un poco Cascanueces, como era Goliat, pero me parece que a David Fernández le ha tocado más recibir las nueces que cascarlas. Sigrid es difícil, pero como es la reina de Thule, pero no es la típica reina que está en su casa, ella se embarca, es una chica que se va a la guerra y tal, así que a mi me sale Mónica Oltra. El Mago Morgano es como el profesor Bacterio del Capitán Trueno, el que inventa cosas -inventó el globo antes de que se inventara el globo-. Este inventor chiflado que en el fondo sabe lo que hace es Julio Anguita. Y con Zaida, la reina de los negreros, en este personaje me sale enseguida, Inés Arrimadas. Lo que pasa es que Zaida luego se vuelve buena y se enamora del Capitán, no sé yo si Inés está dispuesta a llegar a este extremo”.

¿Y el Capitán Trueno?. Pues vamos a decir primero los que nombres los aspirantes que no han llegado. El primero era Pablo Iglesias,  pero este no sirve para Capitán Trueno, porque aspira a general. También podría ser Pedro Sánchez , pero hay una diferencia muy grande, y es que el Capitán Trueno ganaba siempre. Nadie puede ser el Capitán Trueno, nadie famoso Tiene que ser alguien normal, como un sindicalista retirado, un yayoflauta , que las ve venir, pero está un poco decepcionado pero que si le llaman él va, claro. Él está en los desahucios, en las puertas de los bancos y delante de la tele haciendo zapping y cagándose en la puta que los parió a todos”.

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