El periodismo como arma contra la violencia sexual

2016-10-30-photo-00001347Caddy Adzuba es una joven periodista congoleña que día a día se arriesga, obviando amenazas de muerte, para luchar contra la violencia sexual que sufren las mujeres y niñas en su país.

Desde el genocidio de Ruanda en 1994, La República Democrática del Congo sufre un conflicto armado permanente. En 2013, el grupo rebelde M23, uno de los mayores protagonistas de la violencia, anunciaron el fin de su lucha armada, sin embargo, existen más de 20 grupos armados.

En este conflicto, como en todas las guerras, las mujeres son utilizadas como arma de guerra, como botín, como instrumento para destruir la sociedad. Luego de sufrir el repudio de las familias por haber manchado su honor y rechazarlas por temor a contraer la enfermedad de transmisión sexual que ha inoculado en ellas su agresor. Se producen escenas de extrema crueldad como en la que una familia esté tranquilamente en su casa, irrumpan un grupo de hombres armados, violen a la mujer en presencia de su marido y sus hijos, le introduzcan armas y objetos cortantes en la vagina, obliguen a los menores a hacer lo mismo y asesinen al padre cuando intente evitarlo. Escalofriante, horripilante. Episodios como éste se repiten miles de veces en la República Democrática del Congo.

Se estima que más de medio millón de mujeres han sido violadas en el Congo en los últimos 20 años. Más de seis millones de muertos y tres millones de desplazados. No es un secreto, que la violencia encuentra su cómplice en la impunidad.

Desde que Caddy Adzuba denunció desde los micrófonos de Radio Okapi (emisora de la Misión de Naciones Unidad en El Congo que emite para todo el país) la violencia sexual que sufren mujeres y niñas, ha sido amenazada de muerte, han atentado contra su vida y han intentado callarla para siempre.

Como jurista y como mujer, me he hecho muchas veces la pregunta: ¿existe de verdad un marco internacional válido para amparar a la mujer? No fue sino hasta el año 2000, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 1325, instó a la protección de las mujeres en los conflictos y a la inclusión de una perspectiva de género en los mecanismos de previsión, gestión y resolución de los mismos. Luego, en el 2008, se amplió con la Resolución 1848, y recientemente, se ha aprobado la Resolución 2242 – impulsada por España, por cierto-  en el mismo sentido.

Como jurista, puedo pensar: Ha llegado tarde el marco normativo protector de derechos, pero digamos que hay voluntad de proteger y perseguir las violencias contra las mujeres. Sin embargo, como mujer y remitiéndome a los terribles hechos antes descritos, puedo decir con seguridad que las Resoluciones de la ONU sobre Mujer, Paz y Seguridad, NO se cumplen.  Si no, que les pregunten a las mujeres del Congo. Que pregunten a Caddy Adzuba que ha dedicado su vida y su profesión a denunciar la impunidad de aquéllos que destruyen la sociedad a travé2016-10-30-photo-00001359-1s de las violencias hacia las mujeres en el Congo.

¿Cómo luchar contra la impunidad y contra la violencia sexual como arma de guerra?

Combatir la injusticia nunca fue fácil, ni rápido. Pero en el combate contra la impunidad y por la justicia so
cial nos encontramos en todo el mundo con mujeres valientes, que se arriesgan, bajo pena de muerte o de prisión, para construir mundo mejor.

Mujeres como la abogada catalana Eva Labarta que impulsó en Katana (RDC), una fundación para recogida y reinserción de niñas y niños víctimas de la violencia de la guerra y del conflicto incesante en el Congo. Eva combina su labor de prestigiosa abogada con el activismo social, mamá Eva, la llaman en Katana. Fue Eva, quien me hablo por primera vez de Caddy Adzuba y me explicó de primera mano lo que sucede en esa parte del planeta tan desconocida, tan silenciada.

Mujeres como Caddy Adzuba, que ha sido premiada varias veces por su activismo pacífico y arriesgado contra la violencia sexual – Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2014, o el Premio Liberpress 2016 –   Caddy está recogiendo firmas para instar a la comunidad internacional a que se cumplan las Resoluciones.
A menudo, los gobiernos locales en época de conflicto y postconflicto, se sienten invencibles y ajenos a las órdenes internacionales. Sólo si luchamos juntas desde diferentes ámbitos, aportando un grano de arena, que va desde una firma, pasando por la creación de una ONG de ayuda de niños y niñas, hasta la denuncia desde las ondas contra la pasividad de las injusticias, lograremos la presión suficiente para hacer reaccionar a los organismos nacionales e internacionales de que es necesario provocar cambios efectivos en la agenda mundial en materia de género y que hasta que el cuerpo y la dignidad de la mujer no deje de ser utilizados como arma de guerra, no existirá la paz.

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Erika Torregrossa

@erikatorregrosa

 

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