El periodismo como arma contra la violencia sexual

2016-10-30-photo-00001347Caddy Adzuba es una joven periodista congoleña que día a día se arriesga, obviando amenazas de muerte, para luchar contra la violencia sexual que sufren las mujeres y niñas en su país.

Desde el genocidio de Ruanda en 1994, La República Democrática del Congo sufre un conflicto armado permanente. En 2013, el grupo rebelde M23, uno de los mayores protagonistas de la violencia, anunciaron el fin de su lucha armada, sin embargo, existen más de 20 grupos armados.

En este conflicto, como en todas las guerras, las mujeres son utilizadas como arma de guerra, como botín, como instrumento para destruir la sociedad. Luego de sufrir el repudio de las familias por haber manchado su honor y rechazarlas por temor a contraer la enfermedad de transmisión sexual que ha inoculado en ellas su agresor. Se producen escenas de extrema crueldad como en la que una familia esté tranquilamente en su casa, irrumpan un grupo de hombres armados, violen a la mujer en presencia de su marido y sus hijos, le introduzcan armas y objetos cortantes en la vagina, obliguen a los menores a hacer lo mismo y asesinen al padre cuando intente evitarlo. Escalofriante, horripilante. Episodios como éste se repiten miles de veces en la República Democrática del Congo.

Se estima que más de medio millón de mujeres han sido violadas en el Congo en los últimos 20 años. Más de seis millones de muertos y tres millones de desplazados. No es un secreto, que la violencia encuentra su cómplice en la impunidad.

Desde que Caddy Adzuba denunció desde los micrófonos de Radio Okapi (emisora de la Misión de Naciones Unidad en El Congo que emite para todo el país) la violencia sexual que sufren mujeres y niñas, ha sido amenazada de muerte, han atentado contra su vida y han intentado callarla para siempre.

Como jurista y como mujer, me he hecho muchas veces la pregunta: ¿existe de verdad un marco internacional válido para amparar a la mujer? No fue sino hasta el año 2000, cuando el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 1325, instó a la protección de las mujeres en los conflictos y a la inclusión de una perspectiva de género en los mecanismos de previsión, gestión y resolución de los mismos. Luego, en el 2008, se amplió con la Resolución 1848, y recientemente, se ha aprobado la Resolución 2242 – impulsada por España, por cierto-  en el mismo sentido.

Como jurista, puedo pensar: Ha llegado tarde el marco normativo protector de derechos, pero digamos que hay voluntad de proteger y perseguir las violencias contra las mujeres. Sin embargo, como mujer y remitiéndome a los terribles hechos antes descritos, puedo decir con seguridad que las Resoluciones de la ONU sobre Mujer, Paz y Seguridad, NO se cumplen.  Si no, que les pregunten a las mujeres del Congo. Que pregunten a Caddy Adzuba que ha dedicado su vida y su profesión a denunciar la impunidad de aquéllos que destruyen la sociedad a travé2016-10-30-photo-00001359-1s de las violencias hacia las mujeres en el Congo.

¿Cómo luchar contra la impunidad y contra la violencia sexual como arma de guerra?

Combatir la injusticia nunca fue fácil, ni rápido. Pero en el combate contra la impunidad y por la justicia so
cial nos encontramos en todo el mundo con mujeres valientes, que se arriesgan, bajo pena de muerte o de prisión, para construir mundo mejor.

Mujeres como la abogada catalana Eva Labarta que impulsó en Katana (RDC), una fundación para recogida y reinserción de niñas y niños víctimas de la violencia de la guerra y del conflicto incesante en el Congo. Eva combina su labor de prestigiosa abogada con el activismo social, mamá Eva, la llaman en Katana. Fue Eva, quien me hablo por primera vez de Caddy Adzuba y me explicó de primera mano lo que sucede en esa parte del planeta tan desconocida, tan silenciada.

Mujeres como Caddy Adzuba, que ha sido premiada varias veces por su activismo pacífico y arriesgado contra la violencia sexual – Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2014, o el Premio Liberpress 2016 –   Caddy está recogiendo firmas para instar a la comunidad internacional a que se cumplan las Resoluciones.
A menudo, los gobiernos locales en época de conflicto y postconflicto, se sienten invencibles y ajenos a las órdenes internacionales. Sólo si luchamos juntas desde diferentes ámbitos, aportando un grano de arena, que va desde una firma, pasando por la creación de una ONG de ayuda de niños y niñas, hasta la denuncia desde las ondas contra la pasividad de las injusticias, lograremos la presión suficiente para hacer reaccionar a los organismos nacionales e internacionales de que es necesario provocar cambios efectivos en la agenda mundial en materia de género y que hasta que el cuerpo y la dignidad de la mujer no deje de ser utilizados como arma de guerra, no existirá la paz.

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Erika Torregrossa

@erikatorregrosa

 

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ZEROMACHO: Hay hombres que dicen no a la prostitución

ZEROMACHO es una organización de hombres nacida en Francia y actualmente presente en 56 países. Persigue la abolición de la prostitución considerándola la mayor discriminación hacia todas las mujeres que existe en el mundo.

Les “clients” from Black Moon productions on Vimeo.

¿Es la prostitución un « derecho» para el hombre? ¿Una forma de “libertad” para las mujeres? ¿Una realidad inevitable dadas las « necesidades irreprimibles” masculinas?

Nosotros, los miembros de ZeroMacho, hombres de todas las edades, orígenes y condiciones, nos negamos a vivir nuestra sexualidad a través de relaciones mercantiles. Para nosotros, la sexualidad es ante todo una relación humana, vivida en la igualdad y el respeto del otro, de su libertad y de su deseo.

LA PROSTITUCIÓN: ¡NO LA ACEPTAMOS NI QUEREMOS QUE SE ACEPTE EN NUESTRO NOMBRE!

NO a ese mercado de miseria que empuja a las personas más vulnerables a alquilar su boca o su vagina

NO a la cultura machista que utiliza la sexualidad para dominar o envilecer.

NO a los burdeles, aunque estén homologados por el Estado, donde las mujeres están sometidas y explotadas por proxenetas, están aparcadas al servicio de los hombres.

¡SI a la libertad sexual!

¡SI al deseo y al placer compartidos!

« Libre de prostituirse », se oye decir. Pero ¿quién « elige » tener cada día varios actos sexuales no deseados con desconocidos? ¿Quién es libre en la prostitución? ¿Quién elige? ¿Quién busca su placer sin preocuparse del otro? Sólo el que tiene el poder del dinero.

La libertad que reivindican las personas prostituidas es ilusoria puesto que está constreñida por los proxenetas, la droga y las violencias.

image001Cada año, el sistema prostituidor destruye millones de nuevas víctimas, mujeres y niñas, siempre entre las más pobres.

Cualquier hombre puede afirmarse sin negar al otro y asumirse sin dominar.

En aplicación del principio de igualdad mujer-varón, pedimos a los poderes públicos que

Dejen de penalizar a las personas prostituidas; desarrollen acciones de prevención social, educativa y sanitaria así como alternativas a la prostitución a fin de que el derecho a no prostituirse se haga efectivo.

Repriman el proxenetismo y dejen de tolerar sus distintas modalidades (prostitución de calle, burdeles, salones de masajes, bares de azafatas, camionetas, call-girls, scorts, páginas de Internet, anuncios de prensa, etc.)

Instauren o refuercen desde la escuela una educación sexual y afectiva no sexista, basada en el respeto del otro/a, de su libertad, de sus elecciones y sus deseos.

Instituyan contra los « clientes-prostituidores » una sanción penal graduada, como en Suecia donde esta política ha demostrado su eficacia.

Dejen de llamar « clientes » a esos hombres que son, en realidad, prostituidores.

Pagar por acceder al sexo, al cuerpo, a la intimidad de una persona que no siente ningún deseo, no es un contrato, pues un contrato se funda sobre la libertad y la igualdad. Aquí, la libertad es ilusoria y la igualdad se pisotea.

¡Construyamos juntos un mundo donde a nadie se le ocurra comprar el acceso al cuerpo del otro y donde los placeres del sexo no estén ligados ni al dinero ni a la violencia!

Ese mundo es posible y su construcción ha empezado ya.

En 1999, después de medio siglo de educación igualitaria en la escuela, Suecia ha sido el primer país que ha penalizado la compra de « servicios sexuales » por los prostituidores sin reprimir a las personas prostituidas. En 2009, Noruega e Islandia hicieron lo mismo. Algunas decenas de hombres fueron condenados y el Estado ayuda a las personas prostituidas a encontrar otro porvenir. Una política verdaderamente progresista.

Las redes de prostitución se han desentendido de ese negocio que se hizo menos rentable (INFORME oficial sueco, 2010, http://www.sweden.gov.se/sb/d/13358/a/149231)

Los niños aprenden que no se compra el cuerpo del otro/a.

Por el contrario, en Alemania y en los Países Bajos, donde los burdeles son legales, los chicos saben que las mujeres están a su disposición. ¿Cómo van a poder, pues, reconocer que las chicas son sus iguales? Para nosotros, el modelo escandinavo, emblema de humanidad y de democracia, representa la esperanza de un mundo sin prostitución.

¿Qué Europa vamos a construir?

¿En qué mundo queremos vivir

Pere Soler

Coordinador ZEROMACHO Catalunya

Encara viuen a la memòria

14656439_656000417894662_6999449192881807169_nAvui hem assistit a l’homenatge a les Brigades Internacionals, mai agrairem prou les seva lluita per la llibertat. Ya hace 20 años que se hizo el primer homenaje a las Brigadas Internacionales en Barcelona. Aquel día nos acompañaban 300 de ellos. Ayer en Australia, murió el último superviviente de ese colectivo heroico defensor de la libertad, el brigadista británico Stan Hilton. Ya han muerto todos pero su legado y su memoria son inmortales.

Homenatge a les Brigades Internacionals

L’Associació d’Amics de les Brigades Internacionals de Catalunya i l’Associació Catalana d’Expresos Polítics del Franquisme han organitzat un homenatge a les Brigades Internacionals.

unnamedL’acte tindrà lloc al Monument a les Brigades Internacionals (Boca Nord del Túnel de la Rovira, Barcelona). Durant l’homenatge, es farà una ofrena floral i els cantautors Sergi Dantí, Enric Hernàez i Jordi Montáñez interpretaran diverses cançons en representació del Col·lectiu Brigada Intergeneracional per la Recuperació de la Memòria Històrica. També es llegiran paraules de la Pasionaria.

Hi participaran Eduard Amouroux, membre de l’Associació Catalana d’Expresos Polítics; Carles Santacana, professor d’Història Contemporània de la Universitat de Barcelona, que parlarà de l’Olimpíada Popular; Plàcid Garcia-Planas, director del Memorial Democràtic, i altres representants institucionals.

L’homenatge a les Brigades Internacionals ha estat organitzat amb la col·laboració del Memorial Democràtic i l’Ajuntament de Barcelona.

Dia:  22.10.2016

Lloc: Túnel de la Rovira (Boca Nord) Barcelona

Hora11 h

A TIROS EN LA SEAT: CARENCIAS AL DESCUBIERTO

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Treballadors de la SEAT commemoren l’assassinat d’Antonio Ruíz Villalba el 1971. Al barri de la Marina, on hi havia el habitatges dels treballadors de la fàbrica, hi ha des d’avui un passatge que porta el seu nom.

Un dels protagonistes recorda així els fets

Las cosas en la SEAT se estaban poniendo feas. Desde que comenzaron los conflictos laborales en la primavera de 1971, el gobernador había ordenado que se estableciera un servicio permanente en el exterior de la factoría; los pocos policías que estaban de servicio en la madrugada del día 18 de octubre informaron que la situación se estaba agravando. Advirtieron que, sobre las 05.30 horas, se había reunido en la puerta de acceso a la factoría un grupo formado por productores despedidos y algunos otros miembros de CC OO de otras empresas, con seguridad algunos de La Maquinista; también dijeron que varios de ellos iban ataviados con monos de SEAT, pero de la dirección les dijeron que no pertenecían a la empresa. Al intentar los porteros impedirles el paso, los arrollaron y dos vigilantes fueron contusionados.

Las causas de estos incidentes estaban relacionadas con los despidos de veinte trabajadores, motivados por el conflicto de mayo y junio del año anterior. La Magistratura dcl Trabajo obligó a la empresa a readmitirlos o a indemnizarlos, y la SEAT optó por esto último. El capitán Castro había reunido a las 06.00 horas a dos secciones (de treinta y ocho hombres cada una) de la 2ª compañía de la 41ª Bandera, sita en la plaza de España. Advirtió a sus subordinados que en un momento saldrían en dirección a la SEAT junto con un pelotón de «agresivos químicos» compuesto por trece hombres (denominación trasladada del Reglamento de Infantería, cuando en realidad sólo disponían de botes de humo y algunos lacrimógenos) y dos escuadras de Caballería (diecisiete hombres). Los policías subieron a los vehículos con la rutina de otras veces: la bota de vino, los bocadillos, la novela…

A las 07.00 horas llegaron a la puerta de la factoría las dos secciones y el pelotón: allí se encontraron con las dos escuadras de Caballería procedentes del escuadrón de Casarramona de la calle Méjico. Un inspector de la Brigada Social informó al capitán de la situación. El grupo que forzó la entrada se había metido en el taller número 1, donde trabajaban unos mil quinientos empleados. Les arengaron con el asunto de los despidos y consiguieron que se sumaran a la huelga. El mismo grupo, junto con unos cuantos productores de ese taller, organizaron piquetes y se trasladaron a las distintas dependencias, consiguiendo el mismo resultado en todas ellas.

Una vez se hubo marchado el inspector, el capitán se entrevistó con los responsables de la empresa que se encontraban presentes, para acabar de tener una idea de la situación. Los directivos estaban temerosos, consideraban que el personal de la empresa estaba muy encrespado y dispuesto a crear un problema grave. Opinaban que lo mejor sería negociar. Pero si ellos excluían la posibilidad de ceder en la cuestión de los despidos, el capitán no podía negociar más que los minutos a darles para que se disolvieran.

A las 09.00 horas, el paro alcanzaba ya a unos diez mil productores. Grupos numerosos se manifestaban por el interior de la factoría invitando al resto a que se uniera a la huelga, profiriendo gritos contra la dirección de la empresa y contra las autoridades políticas, mientras se dirigían a las oficinas centrales. En poco tiempo todo el personal estaba en huelga. A las 10.00 horas se reunieron en la explanada central de la fábrica unos tres mil trabajadores, que, de momento, adoptaron una actitud pasiva y se limitaron a escuchar las arengas de algunos de sus compañeros.

Dado el cariz que tomaban los acontecimientos, se hizo cargo del mando el comandante de servicio y se incorporó a la fuerza una tanqueta lanza-agua con un pelotón de escolta, así como tres escuadras más de agresivos químicos. A las 11.55 horas, acudieron dos inspectores de trabajo, que se entrevistaron con los jurados de empresa, sin obtener ningún resultado positivo.

Al poco se oyó el mensaje de la dirección a través de los altavoces:

Habla la dirección. En vista de que han fracasado todos los intentos de acuerdo con los representantes sindicales, se pone en conocimiento de todo el persona de la empresa que si en un plazo de quince minutos no se reintegra a sus puestos de trabajo o abandonan la factoría sin incidentes, por orden de la autoridad gubernativa penetrará la fuerza pública para desalojarla.

Se podían haber ahorrado el cuarto de hora, pues los trabajadores no habían llegado hasta ahí para irse a la primera amenaza. El comandante ordenó el despliegue para la carga: lo hizo con tres secciones en línea y una cuarta retrasada en reserva; después determinó la dirección de la carga, el punto de reunión para cada sección una vez finalizada la acción y el lugar de traslado de detenidos, aunque fijó el criterio de no detener a nadie si no resultaba inevitable. En cuanto a los botes de humo y las granadas lacrimógenas, todo dependería de cómo se sucedieran los acontecimientos, pues la orden de empleo de esta unidad la daría él mismo. Recordó las normas referentes a que ningún policía se alejara de su unidad, que fueran éstas compactas y que no hicieran de las agresiones e insultos nada personal. El grupo de trabajadores concentrado en el centro de la plaza sumaba ya unos cinco miI.

A las 12.15 horas, a la orden del comandante, las secciones iniciaron su marcha al paso; cuando faltaban unos metros para el choque, los huelguistas comenzaron a desalojar la explanada central sin ofrecer ningún tipo de resistencia. Se formaron grupos que iban distribuyéndose por los talleres: en el nº 1 llegaron a concentrarse unos dos mil trabajadores.

La maniobra de los productores no le gustó al coman- dante, que supuso que la tenían preparada después de tanto tiempo de espera. La fuerza se concentró en el centro de la explanada esperando la orden de penetrar en los talleres o de abandonar la fábrica. La autoridad gubernativa optó por dar tiempo a que los huelguistas tomaran la decisión de desalojar la factoría voluntariamente. Las secciones recibieron la orden de replegarse hacia la puerta, aunque quedó una unidad dentro. A las 13.30 horas, un número no determinado de obreros abandonaron las dependencias de la SEAT; no era fácil de calcular cuántos habían quedado dentro, dado su diseminación en distintos locales y talleres, pero desde luego eran más de la mitad de los cinco mil que se habían concentrado anteriormente en la plaza. El grueso de ellos se encontraba en el taller nº1.

A las 14.00 horas fue llegando el turno de la tarde en los autocares de la empresa que tomaban en la plaza de España. No se les dejó entrar y se devolvieron los vehículos a Barcelona. A esa misma hora se personaron en la SEAT el jefe superior y el teniente coronel Apestegui, jefe de la 4ª Circunscripción de la Policía Armada y, con ellos, llegaron a reforzar los efectivos policiales dos secciones: un pelotón, tres escuadras de agresivos químicos y dos escuadras más de Caballería. A las 14.30 horas, dado que los huelguistas no deponían su actitud, el teniente coronel ordenó al comandante que desplegara la fuerza y desalojara la fábrica.

Era el momento crítico. La decisión que se tomara entonces iba a condicionar el éxito de la actuación policial: la correcta consistiría en ir desalojando los talleres uno por uno, concentrando el esfuerzo en cada uno de ellos; la equivocada era la de diseminar la fuerza e intentar desalojar varios talleres a la vez.

Dos secciones entraron en el taller nº 1, al mando del capitán Luis Melero, donde se encontraban encerrados dos mil operarios; nada más hacerlo recibieron una lluvia de tornillos, ejes, tuercas y demás material de trabajo que habían almacenado. La agresión fue muy violenta: su «armamento», mucho más contundente que e empleado por la Policía Armada y, además, disponían d una superioridad numérica aplastante. El teniente que mandaba la sección, que entró en primer lugar, recibió del capitán la orden de retroceder, a la vez que esquivaba un consistente objeto, muy parecido a una dinamo.

En vista de la situación, el comandante decidió utilizar los gases lacrimógenos antes de volver a entrar. Era un medio peligroso de emplear si no se hacía a larga distancia; a corta, como era el caso, se corría el riesgo de que los propios agentes sufrieran sus efectos: las máscaras antigás de que disponía el Cuerpo eran viejas, cuarteadas, ofrecían poca protección y, por ello, casi nunca se llevaban de servicio. Pero en esas circunstancias era preciso arriesgarse: no había otra forma de desalojarlos que hacerlos huir. Una sección abrió paso a dos pelotones de agresivos químicos; entraron éstos y lanzaron, en muy poco tiempo, todo el arsenal que transportaba cada uno en la bolsa de costado. En un principio los huelguistas intentaron resistir en el taller: rompieron los cristales de las ventanas, se pusieron pañuelos en la cara, pero, al poco, tuvieron que abandonarlo, repartiéndose por el resto de dependencias.

El primer error consistió en no detener o agrupar a los que escapaban, para obligarles a salir de la fábrica; el segundo, y más grave, la diseminación de la fuerza por toda la factoría, en persecución de los distintos grupos. El complejo industrial era de extraordinarias proporciones: se alineaban enormes naves, que dejaban entre ellas calles de veinte metros de anchura, formando el conjunto como una pequeña ciudad, hasta el punto de que el helicóptero no era capaz de localizar a los policías. Las unidades. dispersas, recibían agresiones muy violentas por parte de unos huelguistas crecidos al sentirse superiores en el enfrentamiento con la fuerza pública. Una sección que se introducía en un taller pronto se rompía en escuadras atraídas por pequeños grupos, siempre mayores que estas unidades, dotados de un material agresivo mucho más violento, conocedores del espacio en que se desenvolvían y con una ligera organización. Comenzaron a quedar tendidos en el suelo policías alcanzados por piezas y herramientas y, en alguna ocasión, por barras de hierro. A los caballos les echaban bolas de acero en el suelo para que se cayeran.

El comandante tuvo que emplear las unidades de reserva. Las escuadras de Caballería cargaban por todas direcciones. La situación se le estaba yendo de las manos al jefe de servicio. Las distintas unidades no recibían órdenes concretas de sus mandos, y en aquellos momentos actuaban por las zonas a las que les habían arrastrado los huelguistas.

El relevo de las unidades era necesario, llevaban ya casi tres horas con los enfrentamientos, el número de bajas era notable y las fuerzas flaqueaban. Claro que los trabajadores también tenían muy mermadas las suyas; además, eran sabedores de que sobre ellos caerían las consecuencias judiciales y laborales, aparte de que contaban igualmente con un buen número de heridos, que abandonaban la fábrica como podían para no tener que ser curados en la empresa y, naturalmente, fichados.

A media tarde se oyeron unos disparos por el fondo de la factoría; un poco después se sintió la sirena de una ambulancia que a toda velocidad se dirigía al lugar donde habían sonado los disparos. Un cabo primero de un pelotón de agresivos químicos que había consumido toda la munición se incorporó a la sección del teniente Costas, le informó de que a un obrero le habían pegado un tiro en el estómago y que se lo llevaban muy grave. El autor había sido un policía de Caballería que, junto con otro compañero, había sido acorralado por un numeroso grupo de productores; les tiraron de sus cabalgaduras y, cuando se les echaron encima, uno de ellos disparó con su pistola. Un grupo de policías cercano, al oír los disparos, acudió al lugar y pudo rescatar a sus compañeros, que estuvieron a punto de ser linchados.

Los mandos temieron que el luctuoso incidente fuera a agravar las cosas: se alertó a la fuerza para que tomara las mayores medidas de seguridad, se incorporó al servicio un helicóptero, de escasa utilidad en un conflicto como aquél, y a las 17.30 – tres horas después de haberse iniciado la acción policial – llegó otra sección de refuerzo, de la 42.ª Bandera, con sede en la Verneda. Después de un constante enfrentamiento por distintos lugares de la factoría, se empezaron a apreciar síntomas de cansancio en los trabajadores: se movían menos de sus lugares de refugio, comenzaban a huir de los enfrentamientos con la fuerza, y algunos abandonaban saltando la verja.

Un grupo de cuatrocientos obreros se refugió en el taller nº 7. El capitán Melero ordenó a dos de los tenientes de su compañía que le siguieran, con sus respectivas secciones, para desalojarlo, convencido de que si lo lograban se acabaría el problema. El capitán les pidió el último esfuerzo para desalojar el taller, les volvieron a recomendar a los policías que actuaran todos juntos pendientes de sus órdenes, les avisaron de que, por cansados que estuvieran, los trabajadores no se iban a quedar quietos, que era probable que estuvieran desesperados, al ver que sus compañeros abandonaban la lucha, y que tuvieran una última reacción violenta.

AI entrar la primera sección, una lluvia de piezas de acero volvió a caerles encima. Tuvieron que retroceder y refugiarse tras unas mesas de trabajo. El capitán llamó a un pelotón de agresivos químicos para que acudiera con los últimos botes de humo que quedaban. La primera sección volvió a avanzar facilitando el paso al pelotón, que agotó la poca munición que le quedaba. Los obreros comenzaron a levantar los brazos, pues ya no se encontraban con fuerzas para seguir luchando. Se practicaron algunas detenciones, al resto se les obligó a salir de la fábrica. En unas zonas los huelguistas saltaban la verja para evitar ser detenidos, mientras otros lo hacían por cualquier otro lugar que no fuera la puerta principal, donde eran controlados.

En el fondo de la factoría, donde se había producido el herido de bala, una unidad policial luchaba aún a brazo partido con un grupo de unos doscientos obreros. El capitán Castro se dirigió con las secciones –mermadas en dos policías más, heridos en la última refriega– que le siguieron para apoyar a la unidad implicada. No fue necesario, porque los huelguistas sacaron en ese momento trapos blancos en señal de rendición.

Las unidades comenzaron a tomar novedades: heridos, detenidos, pérdidas de material y equipo, pruebas, etc. A las 19.30 –cinco horas después de haber comenzado– quedó la situación normalizada, con un triste balance de un muerto por un disparo (el obrero Antonio Ruiz Villanueva), un indeterminado número de heridos por parte de los huelguistas, de imposible concreción, dado que no se curaron en centros asistenciales nada más que los más graves. En la fuerza actuante resultaron heridos dos jefes, tres oficiales, un comisario, un suboficial, seis cabos y diecisiete policías; entre ellos, uno con fractura del maxilar y dos de Caballería con fractura de pie y tibia, respectivamente, que fueron atendidos en un primer momento por el teniente médico Lasarte sobre el terreno.

Ese día 18 fue el acto final en forma de tragedia de una historia que dio comienzo en mayo de ese año. A causa de las modificaciones de horarios, habían parado los talleres 1, 4 y 7; la empresa despidió a veinticinco trabajadores, y la respuesta fue el paro de los catorce mil de la empresa. El conflicto se acabó en junio cediendo la SEAT en algunas cuestiones. En octubre se volvió a la huelga porque la empresa se negaba a readmitir a unos veinte despedidos. Unos días antes al día 18, se produjeron algunos pequeños incidentes en las paradas de los autobuses de la plaza de España, pues los trabajadores se negaban a tomarlos. En la jefatura se tuvo conocimiento de que unos empresarios italianos de la FIAT habían traído consignas para dictar a CC OO, con el objeto de desestabilizar la empresa.

 

Julián Delgado

Los grises. Víctimas y verdugos del franquismo.

45 anys de l’ocupació de la SEAT: La conquesta de la representativitat obrera

Ara fa 45 anys, el 17 d’octubre de 1971, en una assemblea celebrada a Vallvidrera, es va acordar l’entrada dels acomiadats a la SEAT, l’endemà dia 18 amb l’objectiu d’exigir la seva readmissió.

Prèviament, des de la Comissió Obrera de la SEAT s’havia fet un intens treball dins i fora de la fàbrica, en altres empreses.

A les 5 i 10 minuts de la matinada alguns dels acomiadats entren a la fàbrica barrejats entre la riuada de  treballadors del torn del matí. Es dirigeixen al Taller 1 i es fan diverses assemblees acordant l’exigència de la readmissió efectiva dels acomiadats. Es va al Taller 2, al 3, al 4, al 7 i a Foneria; s’incorporen els treballadors de les oficines i s’arriba a paralitzar totalment la fàbrica. 8.000 treballadors es dirigeixen a les Oficines Centrals per comunicar a la direcció els acords de l’assemblea.

Allà ja els esperen els vigilants i la policia. Els treballadors fan una sentada cridant: ¡Readmisión, que baje la dirección! i s’acorda en assemblea enviar una delegació a plantejar les exigències a direcció. La resposta és que se’ls expulsa de la factoria i entra la policia a peu i a cavall. Els treballadors es refugien al Taller 1.

S’intenta dialogar amb la policia mentre es consolida la unitat dels treballadors, establint les següents reivindicacions:

  • Readmissió dels acomiadats
  • Garanties de que no hi haurà represàlies
  • Discussió amb els treballadors sobre la base del conveni aprovada en les assemblees

Al migdia queden cinc o sis mil treballadors al Taller 1. A la tarda comencen els ultimàtums cada quart d’hora. Cap a les 5 de la tarda entra la policia al Taller 1 amb l’ordre de Governació de desallotjar SEAT a qualsevol preu.

ruiz-villalba-esquela-1La policia usa gasos lacrimògens i els treballadors es defensen amb el que tenen al seu abast: peces, cargols i eines. Els enfrontaments van pujant d’intensitat fins que la policia dispara. Així són ferits alguns treballadors, entre ells Antonio Ruiz Villalba, de 33 anys,  que rep trets a l’estómac a causa dels quals morirà el dia 1 de novembre.

Un dels testimonis dels fets, Julian Delgado, ho recorda així: “A media tarde se oyeron unos disparos por el fondo de la factoría; un poco después se sintió la sirena de una ambulancia que a toda velocidad se dirigía al lugar donde habían sonado los disparos. Un cabo primero de un pelotón de agresivos químicos que había consumido toda la munición se incorporó a la sección del teniente Costas, le informó de que a un obrero le habían pegado un tiro en el estómago y que se lo llevaban muy grave. El autor había sido un policía de Caballería que, junto con otro compañero, había sido acorralado por un numeroso grupo de productores; les tiraron de sus cabalgaduras y, cuando se les echaron encima, uno de ellos disparó con su pistola. Un grupo de policías cercano, al oír los disparos, acudió al lugar y pudo rescatar a sus compañeros, que estuvieron a punto de ser linchados”.

Durant 14 hores els treballadors ocupen la fàbrica de la Zona Franca i reforcen la seva unitat, consciència de classe i combativitat.

A partir d’aquest moment es desencadena una onada de solidaritat mai vista fins aleshores. Hi ha accions solidàries a les fàbriques, a la universitat i al carrer; es mobilitzen les comissions de barri i els intel·lectuals; la premsa i la ràdio estrangeres es fan ressò de la lluita. Hi ha vaga a SEAT i a moltes empreses de Barcelona i d’altres localitats; es fan manifestacions i accions a Catalunya, a Astúries, Madrid, València…; també a Ginebra, Paris, Bordeus, a Itàlia…; es genera una solidaritat econòmica molt important.

La consigna de la clandestina Assemblea Obrera de l’1 de novembre és: ¡SEAT VENCERÁ! ¡LA CLASE OBRERA VENCERÁ! Les reivindicacions inicials es converteixen en:

  • Libertad de todos los detenidos
  • Anulación de todas las sanciones
  • Readmisión de todos los despedidos
  • 3.500 ptas. de aumento mensual
  • Anulación del Reglamento de Régimen Interior
  • Derecho de asamblea y de huelga
  • Negociación con los auténticos representantes obreros

Dies després, el 7 de novembre de 1971, al caliu de les mobilitzacions obreres, es funda l’Assemblea de Catalunya a l’església de Sant Agustí Nou de Barcelona.

Sense aquest 18 d’octubre no s’hagués complert la profecia d’un dels acomiadats, Adriano Maseda: “Tornarem a entrar a la SEAT i ho farem per la porta gran!” S’aconseguirà l’amnistia laboral el 16 de juny de 1977.

Durant aquests anys, la que havia de ser l’empresa model del règim franquista s’erigeix en referent de la lluita antifranquista en la qual es forgen milers de quadres sindicals i polítics.

 

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Carles Vallejo Calderón

Sindicalista